“El dolor de la impotencia”

Hay experiencias que uno no logra dejar atrás simplemente porque regresa a casa. Días después del
terremoto del 10 de agosto, tuve la oportunidad de estar como voluntario en el Chocó. Fui porque, desde Medellín, sentía que las donaciones y la ayuda que podía enviar no eran suficientes.
Estando allí entendí algo todavía más difícil: a veces, incluso cuando uno está presente, cuando entrega, acompaña, escucha y ayuda, sigue sintiendo que no alcanza.
Vi destrucción, incertidumbre y necesidades que una tragedia hizo aún más profundas. Pero también vi fe, esperanza, solidaridad y una enorme dignidad.
De esas experiencias nació este artículo: “El dolor de la impotencia”
No lo escribí para hablar de mí ni del voluntariado.
Lo escribí para hablar de ellos.
De los niños, las madres, los adultos mayores, los pescadores, las familias que continúan reconstruyendo sus vidas cuando las cámaras ya empiezan a irse.
Y, sobre todo, para recordar algo que no podemos permitirnos olvidar:
El Chocó es Colombia.
Nuestra solidaridad no puede terminar cuando termina la emergencia.
Los invito a leer, reflexionar y, sobre todo, a no olvidar.
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